martes, julio 24

Mis abuelos


Mi vieja hermosa con olor a cazuela y pan amasado. Las mejores vacaciones de invierno eran las que se pasaban junto a su salamandra ayudando a despuntar porotos o a limpiar lentejas. Es que en su casa todo funcionaba porque estaba ahí. El almuerzo, que comenzaba a prepararse a las 7 de la mañana con la ida a la vega. El café de trigo tostado en la parte trasera, sobre el fuego lentamente en la cayena. Los tiempos, las historias, los retos... todo. Junto a mi abuelo, que era la gracia, el humor y el malcriador supremo de todos sus nietos. Mi abuelo y el camión camino al río. Con todos en la parte de atrás cantando. Mi abuelo y las largas jornadas de escoba. Mi abuelo y el columpio en el living. Mi abuelo y los pollos dentro de la casa. Mi abuelo y las protestas por un té club. Ahora ya no están. Hoy se conmemora un año más de la primera de las partidas. Desde ese momento la casa se hizo más grande y más fría. Bueno, se las presento: mi abuela. Claro que con 11 años menos. Y el que está con ella es mi hermano Sebastián. El más pequeño de nuestra camada (aunque no de la familia porque está Martina). Eso... era un momento para recordar.